una botella de agua de Perrier
Grandes marcas como Perrier están bajo la mira tras el escándalo que estalló en Francia.

  • Autor: Hugh Schofield
  • Título del autor: Corresponsal de la BBC en Francia
  • Informa desde: Vergèze
  • 1 hora

Las empresas francesas de agua mineral, valoradas en miles de millones de euros, están en el punto de mira debido al cambio climático y a la creciente preocupación por el impacto ambiental de la industria.

La cuestión es si algunas marcas mundialmente famosas, en particular la icónica Perrier, pueden seguir llamándose «agua mineral natural».

En los próximos meses se espera el fallo en el caso Perrier. Todo esto tras las revelaciones en los medios franceses sobre sistemas de filtración ilícitos que se han utilizado ampliamente en la industria, aparentemente debido a la preocupación por la contaminación del agua, tras años de sequía vinculada al cambio climático.

«Este es realmente nuestro Watergate», afirma Stéphane Mandard, quien dirigió las investigaciones en el periódico Le Monde. «Es una combinación de fraude industrial y colusión estatal».

«Y ahora hay una verdadera espada de Damocles sobre la cabeza de Perrier».

Según la hidróloga Emma Haziza, «el modelo comercial de los grandes productores ha funcionado muy bien, aunque es absolutamente insostenible en una era de cambio climático global».

«Cuando las grandes marcas consideran que no tienen otra opción que tratar el agua, eso quiere decir que saben que hay un problema de calidad».

Botellas de agua
La legislación de la UE establece que el agua mineral natural debe permanecer inalterada entre la fuente subterránea y la botella.

Tratamientos ilegales

La noticia saltó a los titulares hace un año en Francia, después de que una investigación de Le Monde y Radio France revelara que al menos un tercio del agua mineral vendida en ese país había sido tratada ilegalmente con luz ultravioleta, filtros de carbón o micromallas ultrafinas, comúnmente utilizadas para eliminar bacterias.

El problema no era de salud pública. El agua tratada era, por definición, segura para beber.

El problema residía en que, según la legislación de la UE, el «agua mineral natural», que se vende a un precio mucho mayor que el agua del grifo, debe permanecer inalterada entre la fuente subterránea de la que se saca y la botella. Esa es la esencia del producto.

Si marcas como Evian, Vichy y Perrier han tenido tanto éxito en Francia y en todo el mundo, es gracias a una imagen atractiva de laderas de montaña, arroyos caudalosos, pureza y minerales beneficiosos para la salud.

Si se admite que el agua se filtra, la industria corre el riesgo de romper el hechizo del mercado. Los consumidores podrían empezar a preguntarse qué es lo que han estado pagando.

Para complicar aún más la situación de Perrier y su empresa matriz, Nestlé -así como la del gobierno del presidente Emmanuel Macron-, se ha hecho la acusación de que ejecutivos de la compañía y ministros conspiraron para silenciar el asunto, encubrieron informes de contaminación y reescribieron las normas para que Perrier pudiera seguir utilizando la microfiltración.

En sus investigaciones, Le Monde y Radio France alegaron que el gobierno consideraba a la industria del agua mineral tan estratégica que accedió a ocultar información perjudicial.

Una investigación del Senado sobre el asunto acusó al gobierno de una «estrategia deliberada» de «disimulación».

En respuesta a las acusaciones, el gobierno solicitó a la Comisión Europea que determine qué nivel de microfiltración está permitido para el «agua mineral natural».

Aurelien Rousseau, entonces jefe de gabinete de la primera ministra Élisabeth Borne, admitió que hubo un «error de apreciación», pero insistió en que nunca existió ningún riesgo para la salud pública.

Los senadores Alexandre Ouizille, Laurent Burgoa y Antoinette Guhl en una conferencia de prensa en mayo
Un informe del Senado concluyó que el gobierno francés encubrió el escándalo del agua «al más alto nivel».

Los problemas en la fuente del agua

A principios de este año, en la audiencia del Senado sobre la industria, el director ejecutivo de Nestlé, Laurent Freixe, admitió que Perrier efectivamente había utilizado métodos ilícitos para tratar su agua.

Pero también admitió otra cosa: que un informe oficial de hidrólogos sobre el lugar en el que históricamente saca el agua la compañía en el departamento de Gard, en el sur de Francia, recomendó no renovar la categoría de «agua mineral natural».

Esto plantea la posibilidad de que, por primera vez en sus 160 años de historia, el agua de Perrier pronto no se etiquete como lo que la gente supone que es.

Según la hidróloga Emma Haziza, «la conexión con el cambio climático y el calentamiento global está absolutamente demostrada». Y si Perrier está sintiendo el impacto antes que otras empresas, probablemente se deba a su ubicación geográfica.

Lejos del remoto paisaje montañoso que uno podría imaginar, el agua de Perrier se bombea desde acuíferos profundos en la llanura costera entre Nimes y Montpellier, a poca distancia del Mediterráneo.

La zona está densamente poblada, con una intensa actividad agrícola, y es muy calurosa.

«Ha habido un gran cambio climático desde 2017», afirma Haziza. «Durante cinco años hubo una sucesión de sequías, que se sintieron especialmente en el sur».

Emma Haziza
Emma Haziza dice que el cambio climático está causando muchos problemas en el sur de Francia.

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