La relación entre el presidente argentino Javier Milei y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha experimentado una notable transformación, pasando de la cercanía inicial a la frialdad y, finalmente, a la ruptura. Este distanciamiento se ha manifestado públicamente en los últimos días, destacándose el momento en que, durante la celebración de la Revolución de Mayo en la Catedral de Buenos Aires, Milei le negó el saludo a Villarruel el 25 de mayo de este año.
Las desavenencias entre ambos comenzaron a hacerse evidentes el año pasado y fueron expresadas desde el entorno del presidente. A raíz de esta situación, Villarruel, mediante sus redes sociales, ha decidido dar su respuesta. Aunque sin mencionarla directamente, Milei la acusó de ser «traidora» por permitir que se llevara a cabo una sesión en el Senado, de la que es presidenta. Villarruel, en un giro inesperado, instó al presidente a comportarse «como un adulto» y criticó su gasto en viajes y en la SIDE (la agencia de inteligencia) en lugar de dirigirse hacia la asistencia social.
A pesar de que ambos llegaron juntos al poder en diciembre de 2023, Milei y Villarruel representan sectores distintos dentro de la derecha argentina. Mientras Milei se muestra como un economista libertario con un discurso antisistema, Villarruel, una abogada conservadora, nacionalista y tradicionalista católica, tiene vínculos con el ámbito militar. Ambas figuras son relativamente nuevas en la política; Villarruel, por ejemplo, comenzó su carrera como diputada en 2021 después de haber sido una activista en defensa de las víctimas de la violencia de grupos armados de izquierda de los años 70. Su familia, con antecedentes militares, y su elocuente oratoria han contribuido a erigir su figura política, buscando espacio propio más allá de la sombra de Milei.
Victoria Villarruel, de 50 años, se crió en un entorno fuertemente ligado a las Fuerzas Armadas en Buenos Aires, un factor que ha influido de manera significativa en su visión y trayectoria. Su padre, Eduardo Villarruel, fue un oficial especializado en acción psicológica y su abuelo, el contralmirante Lauro Hedelvio, es considerado uno de los más importantes historiadores de la Marina. Según la periodista Emilia Delfino, autora de una biografía no autorizada sobre la vicepresidenta, la historia familiar de Villarruel está marcada por la frustración y el resentimiento tras la pérdida de poder militar con la llegada de la democracia en 1983.
Tras obtener su licenciatura en Derecho en la Universidad de Buenos Aires, Villarruel se especializó en seguridad y combate al terrorismo en Estados Unidos. Su carrera pública comenzó en los años 2000 con la fundación del CELTYV (Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas), una ONG creada para promover el reconocimiento de las víctimas civiles de las organizaciones armadas de izquierda de la década de 1970. En este sentido, Villarruel ha sido pionera en la defensa de las víctimas de las guerrillas, lo que la ha permitido entrar al debate público al buscar la reapertura de causas durante la dictadura.
Sin embargo, su enfoque ha sido objeto de críticas. Diversas organizaciones de derechos humanos la han acusado de revisionismo histórico y de mantener vínculos con defensores de la dictadura. Villarruel ha desmentido los señalamientos, argumentando que su lucha se centra en los derechos de las víctimas civiles del terrorismo, que han sido ignoradas.
Villarruel se incorporó a la política en 2021 a través de La Libertad Avanza, el partido liderado por Javier Milei. Según Delfino, su llegada estuvo motivada por la búsqueda de sectores conservadores dentro de la derecha que deseaban sumar peso ideológico al proyecto libertario. Durante los primeros dos años como diputados, la relación entre Milei y Villarruel fue cercana, incluso afectuosa. No obstante, con la llegada de la campaña presidencial en 2023, surgieron tensiones. Un factor clave en este distanciamiento fue la relación distante de Villarruel con Karina Milei, hermana del presidente y figura central en la organización política del oficialismo.
A medida que la falta de conexión con la hermana de Milei se hizo evidente, Villarruel comenzó a intentar construir su propio espacio político, tomando la iniciativa en actos que Milei no podía asistir. Su intervención en la política, ocupando espacios que el presidente dejaba vacíos, ha intensificado el distanciamiento, creando un ambiente donde la ruptura se tornó inevitable, especialmente tras el reciente cruce de acusaciones.
La identidad personal y política de Victoria Villarruel está marcada por su devoción al catolicismo tradicional, el nacionalismo y una retórica directa. Desde joven, ha sido asistente a una iglesia lefebvrista, una corriente ultraconservadora del catolicismo. Villarruel, que expresa su apoyo a la familia tradicional, nunca ha constituido una; su único matrimonio terminó en divorcio.
El tema de la soberanía argentina sobre las Malvinas ha sido fuente de fricción entre Villarruel y Milei. La vicepresidenta ha cuestionado decisiones del gobierno que considera contradictorias con dicha soberanía y ha criticado la admiración de Milei por Margaret Thatcher. Esta postura, así como su vocación institucional más marcada en comparación con el libertarismo de Milei, le otorgan a Villarruel la capacidad para dialogar con diversas fuerzas políticas en un parlamento argentino heterogéneo, incluidos los sectores de la oposición.
A medida que avanza su carrera política, Villarruel ha demostrado ser una oradora excepcional, capaz de impactar en discursos y debates. Se la describe como una «francotiradora», alguien solitario en su accionar y preciso en sus intervenciones. Su relación con su hermana Virginia, a quien ha atribuido el manejo de sus redes sociales, ha sido señalada como parte de su vida personal privada.
La vicepresidenta ha suscitado cierta controversia por su estilo de vida. En 2024, alquiló una casa en una zona exclusiva del norte del Gran Buenos Aires por más de 50.000 dólares anuales, cifra que ha despertado el interés de los medios, aunque ha justificado este gasto mencionando una herencia no declarada de su abuela. A pesar de sus quejas sobre su salario oficial, Villarruel ha revelado un gusto por los halagos y celebraciones personales.
Su evidente ambición política ha llevado a especulaciones sobre sus aspiraciones a la presidencia en el futuro. En una conversación reveladora, su ex asesor le expresó que debería pensar en sus motivaciones para querer ser presidenta, sugiriendo que, a pesar de su deseo, aún no tiene claro el propósito detrás de esa ambición.







