
- Autor, Felipe Llambías
- Informa desde Elizabeth, Nueva Jersey (EE.UU.)
6 horas
Con un mondadientes en la boca, un hombre de unos 60 años, canoso y sereno, termina una cerveza de litro.
Está solo, sentado en un bar muy de Montevideo: mesas y sillas de madera, dos ventiladores de pie intentando mitigar el calor, un gran espejo que cubre una de las paredes laterales, un televisor encendido en el rincón y carteles promocionando diferentes fiestas para la Noche de la Nostalgia -la mayor celebración anual uruguaya, cuando se recuerda la música que se bailaba en la juventud.
Acaba de cenar un chivito, un sándwich típico uruguayo que incluye un fino bife de carne vacuna, jamón, queso, panceta, huevo frito o duro, tomate, lechuga y mayonesa untada en la cara interna de cada pan, con papas fritas.
Pero no está en un bar en el centro de la capital de Uruguay, sino en la Pizzería Montevideo en Elizabeth, Nueva Jersey, Estados Unidos, a 8.600 kilómetros.
Allí, Jacqueline Tejera, de 57 años, prepara cada día (salvo los martes, que están cerrados) chivitos, pizzas a la uruguaya -con masa más alta y esponjosa que la italiana, y mucho queso mozzarella- y otros platos típicos.
Más uruguayos por kilómetro cuadrado
A Elizabeth la transformaron en la ciudad más uruguaya de todo el país, donde hasta el día de hoy se pueden ver por la calle más banderas de Uruguay que en Montevideo -bueno, no tanto, pero casi.
Incluso en el centro de la ciudad, un busto de José Artigas, el prócer de la patria, mira directamente al edificio del ayuntamiento.

La razón de la elección colectiva de Elizabeth no está clara, pero ante la pregunta individual la respuesta siempre es la misma: ya había algún pariente o amigo instalado aquí, entonces era más fácil para iniciar una nueva vida.
«Es muy difícil que encuentres familias uruguayas que migran si no tienen al menos un mínimo contacto, un vínculo a un vecino, un conocido», explica a BBC Mundo Silvina Merenson, doctora en Ciencias Sociales y profesora de la Universidad Nacional de San Martín en Argentina.
Merenson sostiene que la elección del lugar «al principio fue por una cuestión económica».
«Muchas de esas familias uruguayas tenían algún miembro que trabajaba en Nueva York, pero Nueva York es una ciudad muy cara para iniciar una vida en un nuevo país. Elizabeth les daba la posibilidad de radicarse cerca y de una forma menos costosa para alguien que trabaja en Nueva York, generalmente en el sector de servicios», agrega.
Un pueblo
Elizabeth es legalmente una ciudad, pero en los hechos se parece más a un pueblo, con una calle principal en la que a lo largo de cuatro cuadras se distribuyen la iglesia, la biblioteca y las tiendas, que en ningún caso son de grandes marcas.
No hay supermercados de grandes cadenas, pero sí algunos con un sector especial para productos uruguayos donde en la carnicería cortan la carne al estilo del Cono Sur.
La arquitectura aquí es bastante uniforme, con casas de madera de dos pisos y apartamentos de la misma altura. Colores pastel, ocre, amarillo, celeste y verde pálido predominan en el paisaje urbano.
La vida diaria en Elizabeth
En Elizabeth, los uruguayos conviven con colombianos, ecuatorianos y portugueses, las comunidades más numerosas en la ciudad. Los compatriotas se ayudan mucho entre sí, especialmente con el emplear a nuevos migrantes.
Sin embargo, esta ayuda es limitada a los
FUENTE







