Un prominente empresario se suicida, cientos de millones de dólares desaparecen y miles de vacas que se proclamaban existir no tienen siquiera un hueso. Así se revela una de las estafas más graves en la historia de Uruguay, un país que se enorgullece de su vasta cultura ganadera, donde por cada tres personas hay diez vacas.
«Engordamos tus ahorros. Invierte en el negocio más seguro de la historia», afirmaba Conexión Ganadera, una empresa que prometió rentabilidades del 20% anual en dólares. En el pequeño país sudamericano, su propuesta atrajo a numerosos inversores, principalmente de Uruguay y Argentina, a quienes garantizaba un vínculo seguro con productores rurales.
Sin embargo, lo que se suponía era un negocio legítimo resultó ser un esquema Ponzi, ahora investigado por lavado de activos a gran escala. El escándalo no solo impactó al sector ganadero; también puso en evidencia las fallas en el sistema de identificación del ganado, que Uruguay promovía como único en el mundo.
La historia comenzó en 1999 con la creación de Conexión Ganadera, que captaba fondos de inversores para comprar ganado, el cual era cedido a productores para ser engordado. Los inversores, al final del proceso, recibían un porcentaje fijo de rentabilidad. En sus inicios, las tasas ofrecidas superaban el 20% anual y, posteriormente, oscillaban entre el 7% y el 11% según el monto y el plazo de desembolso.
Con el tiempo, las vacas engordadas eran vendidas a un precio superior al de compra, lo que generaba la ilusión de ganancias para los inversores, mientras los productores podían cubrir costos de arriendo y otros insumos. «La vaca siempre tuvo la nobleza de producir lo suficiente para que el inversor no perdiera», afirmaba Pablo Carrasco, uno de los dueños, en una presentación a clientes en 2023. Sin embargo, este discurso se desmoronó cuando se descubrió que el volumen de ganado prometido no existía.
A inicios de 2025, Conexión Ganadera anunció que no podría realizar pagos a sus 4.300 clientes, quienes habían invertido cerca de 400 millones de dólares, ya que solo contaba con 150 millones en activos. Un contador que analizó la situación financiera de la empresa reveló que, aunque Conexión comenzó como un negocio legítimo, terminó transformándose en un esquema Ponzi, dependiente de la captación de nuevos fondos para abonar a los inversores más antiguos.
Este fraude se produjo después de que otras dos compañías del sector anunciaran su cesación de pagos, afectando a miles de pequeños inversores. A raíz de estas crisis, Gustavo Basso, uno de los fundadores de Conexión Ganadera, murió al estrellarse su auto en un aparente acto voluntario. Cuando su socio, Carrasco, tuvo que dar explicaciones, aseguró no estar al tanto de la gravedad de la situación, de la cual decía que Basso era el responsable.
Martín Fablet, un empresario que invirtió parte de sus ahorros en Conexión Ganadera, describió a Basso como «un encantador de serpientes». Desde su ingreso en 2011, Fablet comenzó a dudar de la realidad de las rentabilidades prometidas, dado que no coincidían con los márgenes de otros productores que conocía.
Un pilar fundamental de la estafa fue el sistema de trazabilidad del ganado en Uruguay. Este avance permitía rastrear a cada vaca desde su nacimiento hasta el plato donde se servía como carne. Cada animal debía llevar etiquetas analógicas y digitales que identificaban su existencia. Sin embargo, investigaciones judiciales demostraron que muchas de estas vacas, que supuestamente estaban registradas, eran en realidad inexistentes.
La justicia constató que en una gran cantidad de casos, el ganado notificado era virtual. Al parecer, no solo pudo que algunas vacas jamás fueron adquiridas, sino que otras pudieron haber sido enviadas a faenas o exportadas, lo que convertía en ilusorio el sistema de producción prometido por Conexión Ganadera.
Además, la investigación reveló que en las oficinas de la empresa se encontraron identificadores de ganado guardados en cajas, lo que sugiere que la trazabilidad era, en muchos casos, una fachada que permitía a los inversores creer que existía un ganado que, en realidad, no estaban.
La operación Conexión Ganadera había creado una imagen sólida en el mercado uruguayo. Carrasco era la figura pública que, a través de un programa radial de prestigio, se presentaba como un exitoso empresario. Esto le permitió ganar la confianza de clientes y amigos, incluyendo figuras reconocidas en diversas áreas, quienes depositaron sus ahorros en un esquema que a la larga resultó ser una ilusión.
Las cifras reveladas en las investigaciones indican que un alto porcentaje de inversiones nunca se destinaron a la compra de ganado, desviándose en su lugar hacia inversiones personales de Basso, como un frigorífico o propiedades, en vehículos de lujo y en cuentas en el exterior. La justicia está en proceso de esclarecer el destino de estos fondos, y la cantidad de víctimas podría ser aún mayor a la inicialmente reportada.
Las consecuencias del escándalo son devastadoras para muchos que confiaron sus ahorros en la promesa de Conexión Ganadera. Alrededor del 70% al 75% de los inversores no poseen ni un solo animal a su nombre y ahora enfrentan un futuro incierto. Ante la incertidumbre sobre la recuperación de sus inversiones, muchos han expresado desesperación por la situación, lo que plantea un oscuro panorama en el ámbito financiero y emocional para las víctimas de este escándalo.







